El momento finalmente había llegado.
El asistente Brown estaba de pie en su lugar. Parecía tranquilo, pero de vez en cuando sus dedos rozaban el borde de su chaqueta. Tomó una respiración lenta y medida. Su mirada recorrió el salón: rostros familiares lo observaban con sonrisas cómplices. Se veían satisfechos, divertidos incluso. Después de todo, ¿cuándo más tendrían la oportunidad de ver al imperturbable Brown tan inquieto mientras esperaba? ¿Cuándo más verían a ese hombre de hielo respirar pr