El coche se alejó de la casa principal, envuelto en el silencio de la noche mientras cruzaban la puerta delantera.
Brown extendió la mano y tomó la de Kylie, sin apartar la vista del camino.
—Gracias —dijo en voz baja—, por sobrevivir y vivir tan bien todo este tiempo, Kylie… mi escritora preciosa, tan pura como el rocío de la mañana.
—¿Eh? —Kylie parpadeó, confundida—. Espera, ¿tú... leíste mi novela?
Brown sonrió apenas. —¿De verdad crees que tengo tiempo para leer novelas?
Ajá, claro que no,