—Ay, estos niños... —suspiró Carolina con expresión dolida—. Son unos mal criados. Solo les dije algo y ya se enojaron. Y encima de todo resulta que mienten, ¿qué hacemos?
—¿A ver, qué inventaron? —preguntó Sebastián.
—Los regañé poquito y fueron corriendo a decirle a la niñera que los maltrato. Si yo los amo con el alma, y hasta daría lo que fuera por recuperar todos esos años que perdimos, ¿cómo se te ocurre que les voy a pegar?
Carolina se veía destrozada.
—Estos niños ya están malcriados.
—¿