Era un día que había esperado con ilusión durante años y no permitiría que una loca arruinara su ánimo.
Pero Regina negó con la cabeza, con una firmeza inesperada:
—No.
Mónica, exasperada, intentó liberar su muñeca con fuerza.
La fuerza de Regina era sorprendente.
En el forcejeo de esos pocos segundos, Regina soltó de repente su agarre.
—¡Ay!
Mónica perdió el equilibrio y cayó al suelo, junto con el regalo que Regina le había entregado.
Regina pareció apenada:
—El regalo que elegí con tanto cu