Tras decirlo, ella hizo ademán de irse.
Lisa la detuvo al instante.
—¿A dónde vas? ¡No hiciste nada malo!
En la cama de hospital, Sebastián observaba la escena con frialdad.
¡Solo sentía dolor en el corazón, en la cabeza, dolor por todas partes!
¿Cómo no se había dado cuenta antes de que esos teatrillos y artificios tan burdos, que Carolina había usado una y otra vez, eran tan falsas?
Sebastián soltó una risa amarga.
Quizás en ese entonces, en los ojos de Valeria, él era solo un tonto ciego.