Cuando volvió en sí, Sebastián abrió los ojos y vio a Carolina y a Lisa conversando en el sofá.
Sus voces eran los únicos sonidos que se escuchaban en la habitación.
Las dos mujeres discutían algo, mencionando ocasionalmente marcas de maquillaje, y de vez en cuando soltaban risitas, como si estuvieran divirtiéndose mucho.
Su mirada se desvió hacia el dorso de su mano, donde tenía puesto el suero. La piel alrededor de la aguja tenía un tono pálido y frío.
El líquido en el gotero caía.
Sebastián r