Mónica lo miró, con un aire algo lastimero:
—Cariño, ¿es que estás de mal humor?
Andrés mantuvo una expresión serena:
—Solo me preocupaba que, si mi suegro te viera, pensara que te estoy tratando mal.
En ese instante, casi todas las dudas de Mónica se desvanecieron.
Se acercó y tomó del brazo a Andrés, con una ternura infinita:
—Sabía que me amabas. Me asustaste un poco hace un momento, pero no te preocupes, mi padre no es esa clase de persona.
—Vamos, vamos a ver a papá.
La felicidad en el r