En la sala.
Al saber que Andrés había respondido, Mónica se recostó de lado en la chaise longue.
Quedaba de espaldas a la sala.
Si Andrés salía del estudio hacia la sala, vería de inmediato su espalda delgada.
Eso seguramente despertaría su compasión y sus ganas de protegerla, ¿verdad?
Mónica lo pensaba con esperanza.
Pero pasó el tiempo y Andrés nunca apareció.
Llamó a Viviana y preguntó en voz baja:
—¿De verdad le dijiste que estaba de mal humor? ¿Se lo expresaste bien?
Viviana asintió:
—Sí,