Probablemente todo venía de sus padres.
Desde pequeña, esa pareja había moldeado a Mónica para que fuera considerada la joven más culta de la capital. Con el tiempo, muchos la llamaban la verdadera dama refinada.
Ese título le dio a Mónica una confianza inexplicable, haciendo que olvidara desde hacía tiempo su esencia vacía y superficial.
Después de tanto contacto, Andrés había llegado a la conclusión de que la formación académica de Mónica era falsa.
Una vez, preguntó casualmente sobre algo, y