—¡Cariño, ya llegaste!
Al enterarse de que Andrés estaba de regreso, Mónica lo esperó en la entrada de la casa.
Ella creía tratarlo con total sinceridad y anhelaba ser la esposa ideal. Frente a los demás, mantenía una compostura fría y elegante, pero en casa era capaz de dejar de lado su porte refinado para cocinarle personalmente.
Tras este tiempo juntos, Mónica se daba cuenta de que amaba cada vez más a Andrés.
Le gustaba todo de él, por dentro y por fuera, hasta el punto de que ese sentimient