—Mónica, no me asustes —Álvaro quedó completamente descolocado por su reacción.
Sentada en el sofá, con el cabello aún semiseco y algunos mechones pegados a su mejilla, Mónica tenía los ojos vacíos, como si estuviera atrapada en su propio mundo.
Al enterarse, admitió que el primer sentimiento que surgió en su corazón fue la decepción.
En el fondo, aún albergaba esperanza en la amistad con Valeria.
Pero además, se le fueron metiendo adentro la tristeza, el coraje, la envidia y hasta el rencor,