Mónica alzó la mirada, franca y directa:
—Como cualquier persona normal, sí, siento envidia de Valeria, porque obtuvo sin esfuerzo alguno a la persona que yo he amado en secreto durante doce años. Pero hay cosas que no dependen de mí.
Por ejemplo, que a la Señora Castro no le agradaba Valeria.
O algunas maniobras de Álvaro.
O que, finalmente, ellos dos no llegaban a estar juntos, etcétera. En el fondo, no quería que fueran felices.
No podía mentirles a sus amigas diciendo que estaba orgullosa y