¡Su familia podría haber tenido una descendencia próspera!
Sebastián contuvo a la fuerza todas sus emociones y le encargó a la cuidadora:
—Cuídela bien.
La cuidadora asintió:
—Sí, señor.
***
Al día siguiente.
Sebastián no había dormido en toda la noche. No podía apartar de su mente la imagen de ese hijo que Carolina había perdido.
De repente pensó, entre tantas familias adineradas y poderosas de la capital, era imposible que no hubiera hijos ilegítimos.
¿Por qué, en su caso, la familia Herrera