—¡Yo no quiero...!
Los ojos de Carolina mostraron pánico.
—¡Sebastián, no puedes caer en la trampa de esa gente! ¡Es obvio que quieren controlarte por completo!
Las palabras de Carolina ya no llegaban a los oídos de Sebastián.
Porque él sabía perfectamente que perder a ese hijo no cambiaría nada para él.
Pero conservarlo significaría ofender a Carlos.
Esta cuenta, él la guardaría en silencio.
Solo aguardaría el día en que ya no dependiera de los Herrera, entonces reclamaría todo lo perdido.
—Ca