—Señor Herrera —un empresario se atrevió a preguntar, probando el terreno—, ¿este señor es su yerno?
Un silencio absoluto llenó la sala.
Todos esperaban la respuesta de Carlos.
Si realmente lo reconocía como yerno, entonces en el futuro tendrían que tratar a Sebastián con amabilidad y respeto.
¡No podían olvidar que la familia Herrera solo tenía una hija, la Señorita Valeria! Ella era, sin duda, la joya más preciada de la familia.
—Sí lo es —respondió Carlos con una sonrisa.
Sebastián se sintió