—Señor Sánchez —prosiguió Álvaro—, mañana ofreceré una cena en honor del Señor Cruz y sus socios comerciales. ¿Qué le parece si les muestro las vistas de la Capital? Salgamos de este rascacielos. Si a usted le gusta el estilo campestre, conozco un lugar excelente aquí en la Capital.
Eberto asintió.
—No hay problema, aunque me preocupa causarle tantas molestias con los preparativos.
—¿Molestias? ¡Por favor! —exclamó Álvaro, alzando su copa en un brindis—. Su decisión de colaborar aquí, sin import