—¡No he dicho que iba a colaborar con él! —Eberto rebajó la voz hasta casi un susurro.
El resto de los inversores extranjeros asintieron al mismo tiempo.
—Presidente Castro, le aseguro que no es así.
Las decisiones verbales no tienen validez.
Además, ¡estaban a punto de divorciarse!
Y tras lo ocurrido, hasta un tonto podría entender que Carlos no veía con buenos ojos a Sebastián.
Aquel discurso de Carlos había estado a un paso de señalar con el dedo a Sebastián y gritarle:
—¡No te reconozco co