Bajo innumerables miradas, Carolina no mostró ni un atisbo de incomodidad. Caminó hacia Valeria.
Se detuvo a poco más de un metro, la intensa mirada de Valeria le impedía acercarse más.
—Valeria, justo te veo. Quería disculparme —dijo Carolina—. Ayer en casa, no sabía que ibas. Fue todo tan rápido, no pude atenderte bien. No lo tomes mal. Cuando quieras, vuelve. Sebastián y yo te recibiremos con gusto.
Esas palabras...
A Álvaro se le puso pálido el rostro.
Sebastián se dio cuenta y al instante l