La cocina estaba justo al lado del comedor.
Carolina lo escuchó absolutamente todo.
Salió apoyada en sus muletas, con una expresión de profunda desolación.
—Sebastián, sé que he cambiado tras seis años apartada. Pero no tengo malas intenciones. Quizá estuve demasiado tiempo lejos de este mundo y ya no sé cómo encajar. No sé cuidar a los niños, no sé manejar al personal. Es mi culpa. Lo siento.
Las lágrimas cayeron, aunque intentó mostrarse fuerte.
Sofía la miró.
—¿Por qué lloras tanto? Nadie t