—Señorita Herrera, ¿seguro que no se equivoca? ¿A qué niños crio? ¿Adoptados? —preguntó una de las damas, mientras diversas especulaciones, buenas y malas, cruzaban sus mentes, aunque ninguna se atrevía a verbalizarlas.
La mirada de Valeria se encontró con la de Carolina.
Percibió un ligero temblor en sus labios y se puso de pie, con la mirada fija en ella.
—En realidad, hay algo que nunca les he contado —comenzó Valeria, y todas las presentes aguzaron el oído.
Carolina la interrumpió, ansiosa: