Carolina jadeaba, paralizada. ¡No había tal Corriente Dorada!
¡Ese viejo Mateo no había cumplido su palabra!
Vicente esbozó una sonrisa:
—¿Corriente Dorada? ¿El dueño es el Señor Pérez, cierto?
Sebastián lo miró con un mal presentimiento.
Vicente sacó su teléfono:
—Revisar documentos es perder tiempo. Justo conozco al Señor Pérez. Una llamada será más rápida. Y de paso, le pregunto cómo fue que decidió darle la colaboración a la Señorita Torres.
Y, dicho esto, empezó a marcar.
—¡No llames! —gr