Al comprender la situación, el rostro de Carolina palideció ligeramente y su sonrisa se tensó, rígida y poco natural.
Se llevó la mano al alto cuello de su vestido, ajustándo el cuello alto para ocultar su nerviosismo, y avanzó con una calma estudiada.
Sebastián soltó:
—Bueno, les voy a ser sincero: este acuerdo salió adelante porque Carolina me presentó a mi gran benefactora. En la vida, lo de toparse con gente que no vale la pena es inevitable; la suerte está en dar con quien te tienda la man