Era muy tarde, y los hermanitos, preocupados por su madre, no quisieron que la policía se pusiera en contacto con ella.
Entonces, Sofía dijo que tenían un tío. No tenían su número de contacto, solo sabían su nombre, era Eduardo.
¿Cuántos Eduardo conocían las comisarías de la Capital?
Solo había uno.
Antes de llamarlo, los agentes mostraron una foto suya para que los niños la confirmaran.
Al saber que Eduardo venía, el comisario en persona salió a recibirlo.
—¡Señor Castro! ¡Pase, por favor!
—No