—¿Señor Jiménez? —Catalina Santos, proveniente de una familia de intelectuales, aún mantenía las apariencias—. ¿En qué puedo ayudarle?
Sebastián buscó una excusa.
—Esa invitada que está sentada sola allá a lo lejos vino conmigo. ¿Sería posible reasignarle un asiento en otra mesa? Así se evitaría desperdiciar la comida preparada por la familia Vargas.
Catalina se negó cortésmente:
—No se preocupe. La invitada que trajo el Señor Jiménez es digna de disfrutar de esa comida. No necesita inquietars