A las 10:30 a.m., Valeria recibió una llamada de Raúl.
Hablaba con un tono de preocupación:
—Señora, anoche, el señor no regresó a casa. Esta mañana volvió con Carolina y yo vi…
—¿Qué viste?
Raúl dudó, pero finalmente dijo:
—Vi que el señor… tenía una marca de labios en el cuello.
Al otro lado de la línea, hubo un largo silencio.
Dentro de la villa, Valeria sintió que su corazón finalmente se enfrió y cayó al fondo, muerto de toda emoción.
Frío, entumecido, tembloroso... ya sin el menor rastro