El Señor Navarro preguntó con un tono gélido:
—¿Dónde estás ahora?
—En el hospital, papá.
—¿Con quién?
—Con Carolina Torres —respondió Ricardo.
Tras un silencio de dos segundos, el Señor Navarro ordenó:
—¡Ya! Vuelves a casa inmediatamente. ¡Y no lo diré dos veces!
Ricardo, atónito, miró el teléfono que acababa de colgarse abruptamente.
¿Por qué estaba su padre tan enfadado?
—Carolina, lo siento, mi padre me busca por algo urgente. Yo…
Carolina sonrió con comprensión, dijo:
—No te preocupes, ¡v