Sebastián no podía creer que hubiera dudado del doloroso pasado de Carolina.
Le dio una palmada en el hombro.
—Lo siento, no debería haber hecho que recordaras eso. ¿Tienes cita con el médico para mañana?
—Sí —asintió Carolina, esbozando una sonrisa.
Al día siguiente, Carolina llegó temprano a la casa de los Jiménez y esperó.
Poco después de las ocho, los dos niños salieron con sus pequeñas mochilas, radiantes de alegría.
Al ver a Carolina, sus sonrisas se desvanecieron de inmediato y se quedar