«¡No te metas en esto, Damián! Que tú sabes muy bien que no te conviene. No lo hagas…»
Intentó recomendarse mientras levantaba la cara para observar a la Madame. No le cabía ninguna duda de que ahí estaba la trampa que ella le tendía.
Ella no era tan estúpida como para no darse cuenta que esos temas no le eran indiferentes a él. Por eso le había pedido su opinión. Para tener una excusa de echarlo a la calle. Si hablaba de más, tendría consecuencias.
«O para meterme en este asunto… no ser