Todavía era de madrugada cuando el despertador comenzó a sonar. Alba se encontraba acurrucada entre los brazos de Damián. Frunció el entrecejo y buscó a tientas el reloj para apagarlo.
Se levantó con pereza de la cama, sintiendo el frío viento matinal que se colaba por los huecos mal tapados del altillo. Miró a su lado, solo para corroborar que él todavía siguiera dormido. Por suerte, lo estaba.
Sonrió risueña al recordar lo ocurrido en la noche anterior. Aquella noche se había escabullido a