El mismo día
New York
Lance
Estoy en la cama con Karina. El sudor aún brilla en su piel y su respiración, pausada, acompasa los latidos que me golpean el pecho. Ella tiene la cabeza apoyada sobre mí, como si mi corazón fuese su almohada, y yo la rodeo con los brazos, acariciando su espalda con la yema de los dedos. Todo es silencio, salvo las olas lejanas y su respiración tranquila. Pero mi mente no se detiene, y necesito decirlo.
—Hermosa… mírame —susurro, inclinando un poco su rostro con mi ma