Al día siguiente
New York
Lance
La noche anterior había sido intensa, distinta. Sentía todavía en la piel el calor de los besos de Karina, el murmullo de su voz agradeciéndome mi paciencia, la forma en que se aferró a mi cuello antes de despedirnos. Esa sensación me había dejado intranquilo, dando vueltas en mi departamento, incapaz de concentrarme en nada más. En un arrebato, tomé el teléfono y la llamé. Una, dos veces sonó… nada. Estuve a punto de rendirme, cuando al tercer intento escuché por