Capítulo Noventa y siete

Aria había estado en todo el camino en silencio, hasta que finalmente el vehículo de Dylan se detuvo en una pequeña mansión, o una gran casa, dependiendo de qué forma se la mirase, aunque Aria de algo estaba segura, ese lugar valía millones, su fachada blanca era decorada por rosas y el jardín delantero, y el césped estaba dividido por un camino de piedras, su arquitectura era distinta a las demás mansiones que la rodeaban, destacando de una forma grata.

—Es nuestro vecindario, es territorio Ba
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