Sofía y Alexander salieron del juzgado de paz, tomados de la mano, sonriendo y abrazados, mientras la multitud de periodistas y fotógrafos los esperaba ansiosa. Los flashes de las cámaras destellaban como relámpagos en una tormenta, y los reporteros gritaban preguntas y felicitaciones hacia la recién casada pareja, creando un alboroto ensordecedor que apenas permitía a los novios escucharse a sí mismos.
En primera fila, Dylan, miraba con orgullo a su hija y a su nuevo yerno, así había decidido