La sala permaneció en silencio, uno casi desértico, luego de que los periodistas se retiraran como almas que eran perseguidas por el mismo diablo, aunque solo era la mirada fría de Dylan la que provocó aquello, mientras tanto, Sofía descubría con asombro que no se sentía inquieta, y mucho menos atemorizada ante la presencia de aquel hombre que la había secuestrado y torturado, quizás en el fondo sabía que no se atrevería a lastimarla, quizás solo era la presencia de Alexander que la hacía senti