—¿Qué? —Alexander estaba en shock, se hubiese imaginado que Lucrecia tenía un amante, varios en realidad, eso era de conocimiento público, o al menos eso creía Alexander, pero no pudo evitar sentirse humillado al saber que esa mujer, la madre de su hijo, lo había abandonado por un perdedor como Adrián. —Y yo creí que su estupidez tenía límites. —dijo aún conmocionado, sin saber qué más agregar, por qué a diferencia de Sofía ya no odiaba Lucrecia, ni la quería, no sentía absolutamente nada, el ú