La mañana de la gala benéfica anual contra el calentamiento global amaneció con una mezcla de anticipación y nerviosismo en la nueva vida de Nathaniel Vance. Esa no era solo una velada social; era su primera aparición pública importante desde su liberación, un campo de batalla para la percepción pública y el inicio tácito de su campaña de reelección.
Sabía que cada movimiento, cada palabra, sería escudriñada.
Vance se preparó con meticulosidad.
Se enfundó en su mejor traje, un corte impecable d