La noticia de la condena de Nathaniel Vance reverberó por toda la nación como una onda expansiva, dejando a su paso una estela de shock y desilusión de sus patriotas. Para Rebecca Thorne, la escena en la iglesia se repetía una y otra vez en su mente, como una pesadilla de la que no podía despertar. Vance, esposado, siendo arrastrado a un furgón policial en el día de su "boda".
En la opulenta suite de la Casa Blanca, Rebecca deambulaba como un fantasma, su vestido de novia blanco, ahora arrugado