Bajaron por las escaleras.
No el ascensor. Las escaleras, que a esa hora del jueves por la tarde estaban prácticamente vacías. El sonido de sus pasos en el hormigón revestido. La mano de Isidora rozando el pasamanos sin apoyarse.
Vera Calvo no preguntó por qué las escaleras. Era el tipo de persona que acepta el terreno que le ofrecen sin discutirlo.
Salieron al corredor del tercer piso.
—¿Cuánto tiempo lleva interesada en el apellido Almonte? —preguntó Isidora.
No era la pregunta que Vera Calvo