La mañana siguiente era miércoles.
Isidora llegó al departamento de diseño a las ocho y veinte. Elena no había llegado todavía. El café en la cafetera italiana, que tenía el temporizador configurado para las ocho porque Elena lo había programado semanas atrás y nadie lo había cambiado porque a las ocho era exactamente cuando hacía falta.
Se sirvió.
Se sentó frente al tablero de corcho.
Los bocetos de la colección. Las quince piezas. La pieza central que todavía no existía físicamente pero que o