La sala de vistas del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña estaba sumida en un silencio que se sentía como la calma antes de un bombardeo orbital. No había prensa esta vez; era una audiencia a puerta cerrada para resolver las medidas cautelares de embargo y la admisión a trámite de las nuevas pruebas criminales.
Isidora estaba sentada al lado de Carmen Rivas. Llevaba la chaqueta azul medianoche de su colección, una pieza que proyectaba una autoridad que ninguna toga podía igualar. Frente a