Carmen llegó a las diez y veintitrés.
No en veinte minutos exactos. En veintidós, que para alguien que había venido desde la calle Pau Claris en taxi a esa hora de la mañana era prácticamente lo mismo y que Isidora registró sin comentarlo porque comentarlo sería gastar dos segundos en algo que no importaba cuando lo que importaba estaba desplegado sobre la mesa del séptimo piso.
El sobre. Las páginas. La cláusula del tercer párrafo de la página diecinueve.
Carmen la leyó una vez.
Luego sacó un