Isidora caminó hacia la salida con la espalda recta.
El vestido rojo susurraba contra el mármol. Cada paso era una declaración. Cada movimiento, una sentencia.
Las conversaciones a su alrededor se habían reanudado, pero eran diferentes ahora. Había una energía nueva en el aire. Respeto. Curiosidad. Miedo.
Clara había intentado destruirla y había terminado humillada.
Diego había declarado su amor públicamente.
Matteo había mostrado su posesividad como un animal marcando territorio.
Y ella había