El silencio que siguió no era vacío.
Era el silencio con textura de los espacios donde alguien acaba de recibir algo demasiado grande para reducirlo a respuesta inmediata. Donde la única postura honesta es no hablar todavía porque hablar antes de que el peso aterrice del todo sería convertirlo en algo más manejable de lo que merece ser.
Matteo no se sentó.
Se quedó de pie junto a la mesa de corte con las cuatro páginas delante y la franja de luz diagonal de la tarde atravesándolo en diagonal, l