El despacho de Carmen Rivas al día siguiente tenía las cuatro pilas habituales sobre la mesa y una quinta que no estaba ahí normalmente: el borrador del contrato de la junta con los márgenes llenos de las anotaciones de Carmen en tinta roja que era el color que usaba cuando revisaba documentos que iban a importar procesalmente.
Diego llegó a las diez y cuarenta.
No como parte del proceso legal, que era trabajo de Carmen. Como alguien que Isidora había llamado la noche anterior con una sola fras