El martes la cena en Alovera estaba en el calendario para las ocho y media.
A las ocho y cuarto, Isidora se estaba cambiando de ropa en el apartamento cuando el teléfono sonó.
Número desconocido. Prefijo de ciudad.
Lo cogió.
—¿Señorita Almonte?
—Sí.
—Le llamo del Hospital Quirón Norte. Tiene usted en el registro de emergencias de un paciente como contacto de referencia. —Una pausa breve—. Diego Salcedo. ¿Es usted la señorita Isidora Almonte?
El frío fue de golpe. En las manos primero.
—Sí. ¿Qué