La barra de progreso avanzaba con una lentitud que bordeaba la tortura psicológica.
22%... 24%...
El silencio del despacho de nogal se había vuelto denso, casi sólido. Isidora mantenía los ojos fijos en la pantalla de treinta y dos pulgadas, las manos sobre el regazo, completamente inmóvil. El disco encriptado de Diego estaba haciendo el trabajo sucio en las entrañas de la red de Matteo, perforando el cortafuegos corporativo desde dentro.
El teléfono de Matteo, a quince pasos de distancia sobre