El silencio en el taller de ALMONTE a las diez de la noche era distinto al silencio de la mañana. Era un silencio denso, cargado con el peso de los documentos que Carmen Rivas había desplegado sobre la mesa de corte, sustituyendo las sedas por registros hospitalarios y actas notariales de liquidación.
Isidora observaba una fotografía de la fachada de la clínica Montseny Privé. Era un edificio elegante en las afueras de Barcelona, rodeado de pinos, diseñado para que nadie preguntara qué pasaba d