La lluvia de Barcelona no pedía permiso para empapar los peldaños de granito del Palacio de Justicia. Isidora se detuvo un segundo bajo el dintel, dejando que el aire húmedo enfriara el rastro de adrenalina que aún recorría sus venas. Detrás de ella, el eco del mazo del juez seguía resonando como una campana de clausura. Julieta Franzani estaba fuera de juego. Dos años de prisión efectiva. Diez años de silencio profesional.
—¿Estás bien? —la voz de Carmen Rivas sonó a su lado, tan profesional y