Nadie habló durante varios segundos.
El corredor del hospital tenía su propio sonido de fondo: el pitido intermitente de un monitor en una habitación lejana, el carro de enfermería rodando tres puertas más allá, el murmullo del sistema de climatización en los conductos del techo.
Matteo no se movió.
Isidora tampoco.
—¿Cómo está? —preguntó él.
La pregunta era directa. Sin rodeos. Sin la decoración de la cortesía corporativa.
Isidora tardó un segundo en responder.
—Estable. Fractura de radio. Sal