El edificio Franzani se vaciaba despacio.
Isidora lo escuchaba desde su oficina. El rumor de voces que se apagaba. El golpe lejano de puertas. Los ascensores subiendo y bajando con menos frecuencia.
Eran las 6:47 PM.
Llevaba cuarenta minutos mirando la pantalla sin ver nada.
Sus manos habían dejado de temblar. Pero el frío que Clara había dejado en la sala de conferencias todavía vivía en algún lugar debajo de sus costillas.
Cuento con el sabotaje.
Eso le había dicho a Elena.
Y era verdad. Pero